| Le descubrimos en
la sección ‘Imágenes con historia’
de la publicación “Fuero”, que se autoproclama
como magazine de ocio cultural de Ezcaray. En ella hace
el papel de recuperador de fotos del pasado, naturalmente
en blanco y negro, algunas con más de 80 años
de supervivencia al paso del tiempo y al lógico
trasiego de mano en mano, de album a caja para todo. Nuestro
hombre hace una interpretación escrita a la luz
de los datos con que cuenta y al dictado de sus sentimientos
personales. Y todo ello lo ‘cuece’ con gusto,
casi con cierta reverencia hacia este legado hallado de
variopinta manera, a este pedazo de herencia. Son recuerdos
de la vida y de las costumbres de un pueblo riojano tan
en sintonía con Euskadi y los vascos aunque con
su carácter localista.
Esta fotografía no tiene acomodo en nuestra
sección por la filosofía de la entidad
que la tutela –Asociación de la Prensa
Deportiva de Bizkaia-, en la que sólo el deporte
y la naturaleza que incita a ser recorrida hacia arriba,
a pie o en escalada, a transitar en bicicleta de montaña
o con máquinas trialeras; ríos que vadear,
laderas nevadas que cruzar con esquís o raquetas,
cascadas que admirar, prácticas como el senderismo
o walking, sólo esto, tiene cabida en esta miniexpo.
Pero Ricardo Aransay (Ezcaray, 1972) tiene otros ámbitos
de actuación como el de fotógrafo activo.
Habitual de las cámaras digitales, saca los colores
naturales de cada paisaje. Así, el verde es verde
con todos sus matices, centelleantes y vigorosos en
la primavera; apagados en la temporada otoñal.
En la soledad, en la oscuridad –le encanta recorrer
las constelaciones con el telescopio-, en comunión
consigo mismo, trata de sacar chispas fotográficas.
Algunas de ellas premian el intento, otras están
condenadas al borrado automático.
Aransay, que reconoce llevar 19 años sin escribir
una carta de esas de sobre y sello, que le gusta la
corbata pero elegirla le cuesta un Perú de la
época colonial española, que fue soldado
en las garitas del cuartel de Agoncillo y con la plusmarca
de dormir un máximo de 5 horas al día,
es un señor multidisciplinar, porque lo mismo
organiza una competición deportiva de lo que
sea, que se mueve en la promoción y desarrollo
de un concurso fotográfico.
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Su afición
a la fotografía, surgida con una Polaroid 80
instantánea y continuada con máquinas
Canon -marca de la que es exclusivista (EOS 500 reflex,
G-5 digital, 400 D, SX 10)-, buscando casi siempre cámaras
cómodas de usar quizá no las mejores y
siendo lo suyo encuadrar y tirar, tiene su punto de
partida en aquellas sesiones de laboratorio que se metía
con 11 años, observando como la foto cobraba
realidad desde los líquidos del revelador por
el efecto del ‘magia, potagia”. Un cuarto
oscuro en el que no faltaban las largas colgaduras de
negativos prendidas con pinzas casi hasta el suelo,
al estilo de tantos caseríos con hileras de pimientos
secándose a la intemperie sobre la piedra de
las fachadas o de la cal blanca de sus muros.
Aransay, que trabaja en Ezcaray en una cooperativa
que data de 1955 dedicada a la fabricación y
exportación de butacas de cine y teatro –Arabia
Saudita, Malasia, Singapur, países de Centroeuropa
y plus-, tiene cierto aire romántico y de coleccionista.
Así, conserva una cámara fotográfica
de don Isidro, el señor cura párroco de
Ojacastro. “No sabía cómo utilizarla,
me la dejó y la conservo”. Su colección
más amplia es la de llaveros, unos 600, de plata
y de cualquier aleación posible e incluso de
plástico.
Futbolista del San Lorenzo ezcarayense y seguidor de
la Real Sociedad en sus mejores años, su ídolo
en el ámbito profesional fue Arkonada, al que
gustaba verle cuando tenía enfrente a la delantera
rival. Su concepto del fútbol es “el del
juego en equipo, puro fútbol asociación”
y su gusto por las rutas de montaña se fraguó
en las subidas y descensos del monte San Lorenzo. Como
entusiasta de las expresiones al aire libre, desde 1996,
está involucrado en distintas fases de la organización
de la Travesía del Valle de Ezcaray, una marcha
de 30 a 35 kms. a finales de junio.
Es cocinillas de los que enredan en fogones y asadores;
también cocinillas en su ‘perejileo’
con lo artístico porque ha realizado trabajos
de marquetería -el retablo y algo más-
en la maqueta de la iglesia de Santa María La
Mayor de su pueblo, un proyecto sobre el que se afana
años José Antonio Riaño, presidente
de la Asociación Cultural y Artística
de Ezcaray. En definitiva, si el FC Barcelona es ‘mès
que un club’, parece propio que, después
de todo lo contado, Ricardo Aransay sea más que
un fotógrafo.
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