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Crónica de un desencanto3> | 2010-06-29 Por Josu Torre, periodista deportivo y miembro de la APDB. | | Todos los cambios son buenos aunque sean para bien. Es una de las frases que resumen la serie de reflexiones que evoca la tremenda transformación que supuso la irrupción de Asegarce en el mundo de la pelota vasca aunque, desde el inicio, habría que delimitar esa acción a la modalidad de la pelota a mano. Hasta el extremo que en la mayoría de los foros entre los menos iniciados, cuando se hace mención de ese deporte, se habla de esku pilota (mano) en vez de euskal pilota, que abarcaría al menos a las cuatro especialidades que se juegan de manera profesional, mano, pala, cesta punta y remonte o a otra media docena como share, rebote, laxoa o el resto de modalidades de plaza libre y las disputadas en el precioso recinto del trinquete, que para el gran público sólo cumplen la función de ancestros culturales. Que tampoco está mal.
Todo fueron parabienes para la todavía incipiente promotora bilbaína cuando tomó las riendas de una actividad herida de gravedad, anclada en el pasado, personalizada en media docena de nombres y que languidecía hacia la inanición en forma de frontones semivacíos y pelotaris que renunciaban a la profesionalidad por falta de partidos, y por ende, de ingresos. Una promotora ajena, hasta entonces, en ese mundo y que entró como bien defino mi, entonces, compañero de redacción Jon Rivas “como un elefante en una cacharrería” Aún así la llegada de savia nueva al caduco entramado suscitó ilusión, esperanza tanto entre los profesionales que veían su futuro algo mas iluminado como entre los aficionados a los que se les iba a ofrecer muchas más posibilidades de presenciar encuentros de ese deporte al que se le llega a denominar como deporte nacional o cultural de Euskal Herria.
Ubicamos este hecho en los inicios de la década de 1990 en los que el futuro o financiación de cualquier actividad deportiva pasaba por la emisión de su actividad por televisión. Mas allá del aforismo “lo que no sale en la tele no existe”, esa presencia del deporte es, al menos desde entonces, la condición ‘sine qua non’ para su financiación e incluso para su supervivencia. En el tema de la pelota vasca no podía ser de otra forma y el éxito de la citada promotora no tiene otra base que la difusión televisiva a la que van unidos los derechos de imagen y difusión tanto de los citados eventos como de los propios deportistas.
Este desmarque tanto de los métodos tradicionales de gestión como de las mayores posibilidades financieras del nuevo sistema propició la monopolización de la actividad, primero, y de la creación de una empresa directamente por una televisión, ETB. La empresa Aspe propiciada y respaldada por la televisión pública vasca entró en competencia, de momento, con la monopolista Asegarce para, en pocos años, aliarse con ella tanto para la celebración de torneos y campeonatos o de meros festivales.
El tema tan recurrente como necesitado de mucho mayor espacio para su desarrollo viene a colación con el desencanto que ha quedado patente en los prolegómenos de la final del Manomanista. Como no había sucedido en los últimos 40 años, les ha costado Dios y ayuda encajar todas las localidades de la grada del Ogeta gasteiztarra. Tampoco es de extrañar cuando, con el menor pudor y respeto, alejan 250 kms. (125 x 2) el escenario, del habitual Atano III, a la que se supone la mitad de la asistencia, o sea a los seguidores de Xala. Aludiendo además, en palabras del director técnico, que “les viene bien a los de Iparralde para aprender Geografía”. Una asignatura tan ajena a ellos que no llevan festivales de mano al norte del Bidasoa. Se conoce la razón básica de esta ausencia, la imposibilidad de apostar con corredores. Pero ése es otro tema.
| | Próximo comentario : 13 de septiembre de 2010, “Jazy, le roi”, por Ernesto Díaz , vicepresidente de la Asociación de la Prensa Deportiva de Bizkaia.
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